Inmunodeficiencia

Virtualmente todos los aspectos de las funciones del sistema inmune están en peligro por la inhalación de partículas de metales pesados. Es más, los metales tóxicos pueden aumentar las reacciones alérgicas, causar mutación genética, competir con los oligometales "buenos" buscando lugares de adhesión bioquímica y actuando como antibióticos matando tanto la bacteria beneficial como la nociva.

 

Los metales pesados y el sistema inmunitario

El cuerpo no ha aprendido a eliminar los metales pesados, aún en concentraciones bajas, y tiende a almacenarlos en los sistemas circulatorio y linfático, órganos vitales como el cerebro y el hígado y también en los tejidos grasos. Se acumulan allí por años, hasta que alcanzan un punto cuando la cantidad es tanta que empieza a afectar todo el cuerpo, particularmente aquellos con sistemas inmunitarios débiles. Los síntomas comunes son dolores de cabeza, ocasionados por un hígado recargado.

Los metales pesados tales como el plomo, el mercurio y el cadmio reducen el sistema inmunitario a niveles aún más bajos. El cadmio proviene del humo del cigarrillo y es un derivado tóxico de las industrias de chapado de metal, que puede llegar al suministro de agua. El cadmio disminuye la velocidad de las células B produciendo anticuerpos en el sistema inmunitario. El plomo reduce la respuesta cellular T y B. El mercurio reduce el número de células T y reduce la actividad en el sistema inmunitario. Todos estos tres metales reducen la actividad y velocidad de los macrófagos, aumentando así la susceptibilidad a la infección.

Los metales pesados están presentes en el aire, en el agua potable, en los alimentos y en un sinnúmero de productos químicos y sintéticos. Entran en el cuerpo por inhalación, ingestión, y absorción por la piel. Los metales pesados entran y se acumulan en los tejidos del cuerpo con tanta rapidez que las vías de desintoxicación del cuerpo no son lo suficientemente rápidas para eliminarlos, eventualmente formándose una concentración de metales.

Los metales pesados son oligometales con una densidad de al menos cinco veces de aquella del agua. Son elementos estables que no pueden ser asimilados por el cuerpo y son pasados en la cadena de alimentos a los humanos (bioacumulación) Los metales pesados más comunes y peligrosos son: Aluminio, arsénico, cadmio, cobre, plomo, mercurio y níquel. Todos han sido eliminados de manera segura y exitosa de Detoxamin. Hay muchos más metales pesados que no son tan endémicos o dañinos como los elementos mencionados previamente.

Los metales pesados en general no tienen función básica en el cuerpo y pueden ser extremadamente tóxicos. La exposición en alta concentración no es necesariamente como para producir un estado de toxicidad en el cuerpo. La mayoría de los casos de envenenamiento de metales pesados resultan de la exposición continua de nivel bajo a estos tóxicos ambientales peligrosos.

En los últimos 50 años, la exposición humana a los metales pesados ha aumentado drásticamente. Esto es resultado de un aumento exponencial en el uso de metales pesados en el proceso industrial y de productos. Hoy en día la exposición crónica proviene de vertederos tóxicos e incineradores, agricultura, productos químicos, mercurio, amalgama en los empastes dentales, pinturas a base de plomo, agua del grifo y residuos químicos en los alimentos procesados. Productos de cuidado personal, tales como los cosméticos, enjuague bucal, dentífrico, jabón, shampoo y otros productos para el cuidado del cabello también son fuentes de contaminación. Además de los peligros en casa y fuera, muchas ocupaciones son sujetas diariamente a la exposición de metales pesados. Más de 50 ocupaciones están expuestas diariamente al mercurio. Estas incluyen médicos, trabajadores farmacéuticos, odontólogos, trabajador dental, trabajadores en laboratorios, peluqueros, pintores, trabajadores en imprentas, soldadores, obreros metalúrgicos, trabajadores en la industria de cosméticos, los encargados de hacer baterías, cinceladores, fotógrafos, trabajadores en las artes visuales, y alfareros.

Estudios confirman que los metales pesados tóxicos pueden directamente tener un impacto en el comportamiento afectando las funciones neurológicas y mentales. Pueden también afectar la producción y utilización de los neurotransmisores y puede también alterar numerosos procesos metabólicos del cuerpo. Los elementos tóxicos de los metales pueden inducir daños y disfunción en el sistema cardiovascular sanguíneo, vías de desintoxicación (el colon, hígado, riñones y piel), endocrino (hormonal), vías de producción en el sistema de energía, enzimas, tracto gastrointestinal, sistema inmunitario, sistema nervioso, (ambos, central y periférico) sistema reproductor y vías del sistema urinario.

Muchos de los daños producidos por los metales pesados se originan de la producción de radicales libres oxidativos. Un radical libre es una molécula inestable energizada que "roba" un electrón de otra molécula para así restablecer su balance. Los radicales libres se dan naturalmente cuando las moléculas celulares reaccionan con oxígeno (oxidación). Con una carga tóxica alta o deficiente de antioxidantes crea la producción sin control de radicales libres. Sin obstáculos los radicales libres pueden causar daños a los tejidos por todo el cuerpo. De hecho los daños de los radicales libres son la base de todas las enfermedades degenerativas.

Los metales pesados tóxicos aumentan la acidez de la sangre. La sangre toma el calcio de los huesos para así reponer el pH correcto de la sangre. Los metales pesados pueden provocar estados que llevan a la inflamación de las arterias y tejidos haciendo que más calcio sea llevado a las áreas como un regulador. El calcio cubre las áreas inflamadas en los vasos sanguíneos como una venda cubriendo un problema pero creando otro, el endurecimiento y el bloqueo progresivo de las arterias. Sin el reabastecimiento de calcio, la depleción constante de este mineral tan importante de nuestros huesos puede resultar en osteoporosis (la pérdida de densidad ósea) que lleva a un aumento en el riesgo de fracturas de la columna y caderas.

Debemos eliminar los tóxicos de nuestro cuerpo si queremos una buena salud. El cuerpo está constantemente expuesto a un número de tóxicos y tenemos un sistema inmunitario capaz de neutralizar estos tóxicos, a condición de que el cuerpo no esté en peligro. Después de todo, nuestro cuerpo (por diseño) es capaz de montar una defensa adecuada contra los tóxicos que se originan en el cuerpo; aquellos que se consumen y aquellos que están en el aire. La mayoría de las enfermedades crónicas no es una irregularidad del sistema inmunitario, pero es una adaptación consciente del sistema inmunitario a lo que de otra manera es un ambiente letal de metales pesados.

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